Por un robo menor, perdió lo más sagrado: su propia vida.
Los delincuentes que hurtan millones se pavonean en reuniones sociales. Son prestigiados, reputados, y se dan lo que algunos llaman “la gran vida”.
Pero, los maleantes menores, como este joven apuñalado en Los Arbolitos el sábado 22 de agosto solo escapaba con una bicicleta. ¿Qué lo orilló a ello? ¿La compra de droga? ¿Dinero para su familia? ¿La simple ambición?
No sabemos.
Sin embargo, Aarón fue apuñalado por otros jóvenes como él, ahora convertidos en asesinos.
¿Una bicicleta vale una vida?
¿Tan modesto vehículo justifica mancharse las manos con la sangre de la víctima y el dolor de los familiares de esta?
Ante la falta de una eficaz seguridad pública, se repiten los linchamientos o los intentos de, en la capital del estado.
Los mismos pobres se matan entre ellos, sin apenas darse cuenta que el enemigo son las autoridades corruptas, las policías coludidas con el crimen, y un presidente municipal más interesado en llegar a la gubernatura que en la prevención social.
Esos jóvenes, metidos en un contexto social donde impera la droga abastecida hasta por los mismos policías, con casi nulo acceso a educación, y en crisis económica permanente son presas propicias para la delincuencia.
Muchos de ellos terminan como adictos, ladrones de poca monta, o, en el peor de los casos, como carne de cañón de alguno de los tres cárteles que operan en la zona conurbada de la ciudad capital.
Esa ineptitud de gobierno y policías, más un caldo de cultivo adverso, hace presa de estos jóvenes, quienes luego de ser muertos por “justicieros”, también terminan linchados en redes sociales.
Pues la mayoría de la gente está enajenada con un discurso que (tampoco se dan cuenta) han hecho proliferar quienes detentan poder económico y estatus social, en el sentido de que todo es culpa de los mismos pobres que no quieren salir de su pobreza.
Como este comentario que se lee en la noticia del hecho publicado por La Roja: “Perdón, pero no es culpa de los policías que estos rateros hagan de las suyas, es cuestión de educación y respeto por los demás…”.
Con este sentir social que permea en la actualidad, ya pueden estar tranquilas las autoridades ineptas, y las corporaciones policiales coludidas con el crimen.
El festejo, la felicitación a estos asesinos, tampoco se deja esperar en las redes sociales, como refleja este otro comentario en el mismo sitio: “Genial, una rata menos”.
En esas redes, el homicidio tiene muchos cómplices, vía el desinterés, la burla, o el escarnio: “Yo solo leí que cayó en un cuchillo la rata esa”, dice otro comentario más.
Y así, los homicidas terminan como ejemplos ciudadanos: “Excelente trabajo en equipo. Felicidades a los vecinos”, escribió alguien más.
