“Mi hija vive el peor infierno”, dijo con la voz entrecortada Leocadia Sánchez, madre de Ana Rosa, la joven a la que rociaron de gasolina y le prendieron fuego.
Hace una pausa obligada por el llanto que cubre su rostro y dice que su niña está en la sala de terapia intensiva con todo su cuerpo quemado.
“Se me parte el corazón verla así, que crueldad, nadie merece esto”, expresa consternada.
Aún tiene grabado el grito desgarrador de su hija con el fuego en el cuerpo. Esa noche, su hermano Lucio estaba acostado y salió corriendo. Llegó al cerro que se ubica entre las calles Francisco Villa y Benito Juárez, en la colonia Ejidal, y vio que dos siluetas desaparecían entre la oscuridad.
Todo por su hija
Leocadia sufre de la tiroides y el padecimiento se le agravó, pero desde el jueves en la noche no se mueve de la sala de admisión del hospital general, donde está internada la joven.
Ana Rosa tiene 23 años, es madre de una niña de 7 años que cursa segundo grado de primaria. También se llama Ana.

La menor está angustiada, dice la señora Leocadia, no para de llorar, constantemente pregunta por la salud de su mamá y la quiere ver.
Los padres de la joven, cuyo pronóstico es poco alentador, han tenido que pedir prestado para comprar algunas medicinas que no cubre el Seguro Popular.
El progenitor es velador en un banco y el sueldo es poco. Aseguran que tocarán las puertas que sean necesarias para que Ana Rosa reciba la atención que requiere y le suministren los medicinas que necesita.
Ayuda
La humilde vivienda de la familia en la calle Francisco Villa, en la colonia Ejidal, entre las colonias Lomas del Ébano y Loma Bonita, se encuentra desierta. La familia teme por la seguridad de la niña y de todos.
Leocadia dice que su hija es adicta, pero esto no era motivo para que la quemaran. Confiesa que hay momentos en que le pide a Dios que se la lleve para que no sufra este infierno.
El hecho
Los hechos tuvieron lugar a las 23:30 horas del jueves en un espacio enmontado de la calle Proyecto, entre Álvaro Obregón e Ignacio Allende, del asentamiento Loma Bonita.
Según declaración de los vecinos, la mayoría se encontraba ya en sus camas dispuestos a dormir cuando escucharon el grito de auxilio de la joven Ana Rosa N, de 24 años, con domicilio en la misma colonia.
“¡Ayúdenme, me estoy quemando!”, fueron las palabras que repetía una y otra vez.
A pesar de que el asentamiento cuenta con alumbrado público, la joven se encontraba en un terreno baldío, por lo que era difícil distinguirla entre la maleza, pero finalmente los vecinos la encontraron.

“¡No me toquen, me duele todo el cuerpo!”, gritó cuando sus vecinos se acercaron para auxiliarla.
Al ver lo delicado de la situación, dieron aviso a la Central de Emergencias, que dispuso que paramédicos de Protección Civil y de Cruz Roja acudieran a brindar asistencia.
Miembros de Protección Civil y Cruz Roja arribaron al lugar. Los paramédicos rociaron a Ana Rosa con suero para calmarle el dolor mientras era trasladada a un hospital a bordo de la ambulancia de Protección Civil.
Hasta el momento se desconoce si el caso fue turnado a las autoridades o si el Instituto Sinaloense de las Mujeres le ofreció ayuda.
