El personal del Departamento de Trabajo Social del Hospital Central Ignacio Morones Prieto, ha sido denunciado por el trato prepotente y grosero que le dan a pacientes y familiares de origen humilde y provenientes de colonias marginadas y comunidades rurales.
La mayoría de las trabajadoras sociales que incurren en este tipo de prácticas que llegan al grado de la humillación y violentan el derecho de la salud de los usuarios del hospital, ingresaron a la nómina recomendadas durante el gobierno del priista Juan Manuel Carreras, el de la llamada “Herencia Maldita” como sinónimo de abuso de poder, saqueo y corrupción.
Los testimonios de los denunciantes muestran a las trabajadoras sociales groseras y sin vocación de servicio, impacientes, distraídas en otras cosas que nada tienen que ver con su trabajo, dejan de atender a la gente porque se la pasan hablando por teléfono o comiendo, sin importarles que se formen largas filas de personas esperando ser atendidas.
El Hospital Central es una institución potosina que ha trascendido los límites del estado por los servicios médicos de calidad y gratuitos que presta a la población de escasos recursos y además funciona como hospital-escuela de los alumnos de la Facultad de Medicina de la UASLP.
En el pasado de manera lamentable el Hospital Central decayó de manera drástica porque se convirtió en un negocio de la propia directiva y de la Secretaría de Salud al comprar medicamentos caducos y falsificar medicinas oncológicas, además de recurrir a proveedores “patito” y “multiusos”.
