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Un duelo entre militares en La Ladrillera
Más que un mal, era un remedio para dirimir diferencias u ofensas al honor entre dos hombres sin que interviniera la justicia, sin más testigos de la sangre derramada que los padrinos de los duelistas.
El duelo era una práctica prohibida pero en México tenía su propio reglamento, inspirado en el que hizo el conde francés Chatuvillard; como el de éste no preveía aspectos propios de la cultura y derecho penal de México, un diputado y coronel de caballería, Antonio Tovar, publicó el Código Nacional Mexicano del Duelo, en 1891, salido de la imprenta de Ireneo Paz (abuelo del poeta Octavio Paz) y que era muy aficionado al tema, porque en un duelo se despachó a un hermano de Justo Sierra por un problema derivado de una controversia periodística.
En San Luis Potosí fueron muy comunes los duelos extra muros de la ciudad, la sociedad siempre terminaba enterándose por los periódicos de su realización y por lo general de sus desenlaces fatales. La policía optaba por hacerse de la vista gorda.
Les contaremos el caso de un duelo que se registró a fines de abril de 1887, en una hacienda conocida como La Ladrillera, en la comunidad de San Juan de Guadalupe, justo donde hoy está la Universidad Politécnica.
Esta es la historia de acuerdo al periódico “El Estandarte”.
El teniente coronel del 8º Batallón de Infantería, Lucas Muñoz, y el director de la Banda de Música del mismo Batallón, José María Zavala, se reunieron como cada domingo para jugar billar y beber ajenjo en el Café “El Nuevo Edén”, pasaron como tres horas cuando se hicieron de palabras y allí mismo, se supone, sin rodeos se concertó el duelo.
Ambos abandonaron el lugar, los acompañaba un capitán y un niño de cuatro años, pero se fueron a una fonda donde comieron y a un criado le pidieron que consiguiera un carruaje para ir a ver a los toros.
Al llegar el vehículo se subieron los tres hombres y el niño, se dio la orden que se les condujera a La Ladrillera, al llegar el cochero se detuvo y el capitán le dijo a éste que ahí se quedara con el niño. El capitán y los duelistas caminaron unos trescientos metros y por los árboles que abundaban se les perdió de vista. Pero de pronto se oyeron dos detonaciones con un largo eco que cimbró el paisaje campestre.
Luego de varios minutos regresó solo el capitán nervioso y apurado, “vámonos”, le dijo al cochero.
Al lugar de los hechos llegó una hora después la policía y encontró dos cadáveres a una distancia menor de cuatro metros entre uno y otro, cada uno con su pistola en la mano.
El teniente coronel Muñoz tenía una balazo en la cara y el director Zavala otro en el corazón. Se dedujo que su muerte había sido instantánea.
La prensa se preguntó: “¿Cuál fue la causa de este hecho terrible y cómo se ejecutó?”, si los duelistas eran amigos y muy estimados caballeros. Muñoz era un jefe valiente, instruido y pundonoroso, y Zavala un excelente sujeto. La autoridad dio por cerrado el caso. (Fuente: “El Estandarte”, 21 de abril de 1887).

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