• Con un préstamo, un chino fundó hace 66 años el Café Selecto en un localito frente al Mercado Hidalgo, a la fecha es referente de la tradición panadera americana.
El café Selecto es un pequeño lugar en el corazón del Centro Histórico donde se puede disfrutar de los panecillos y pasteles más sabrosos que se hacen en la capital de San Luis.

Fue fundado en 1954 por Geleang Sing, un cantonés llegado a México a principios de siglo XX que se mexicanizó el nombre a Manuel León para evitar la discriminación que sufrían los extranjeros en nuestro país, principalmente los orientales.
Manuel León vivió su juventud en el municipio de Naranjos, Veracruz, donde se casó e hizo fortuna al establecer diversos negocios como un molino y un café. Sin embargo, Manuel era un jugador compulsivo y en los casinos de Tampico, Tamaulipas, perdería al poco tiempo su patrimonio.

En la ruina y con una familia qué mantener, Manuel León fue invitado a mitad del siglo XX a trabajar por su yerno, José Chew, otro migrante chino acaudalado que se había casado con la mayor de sus hijas y que fundó el Café Pacífico, aquí en la capital potosina.
Cuatro años después, José Chew le prestó dinero a su suegro para que comprara en traspaso un humilde y sombrío café donde se cocinaba a leña, situado en la esquina de Guajardo e Hidalgo, le llamaban “Café Vitamina”, pero Manuel León lo rebautizó como “Café Selecto”.
En ese pequeño local de 50 metros cuadrados, Manuel comenzó una tradición repostera que perdura hasta hoy, gracias a que su hijo, Manuel junior, se había ido a trabajar a Estados Unidos al finalizar la segunda guerra Mundial, donde aprendió el oficio de panadero, y junto a su padre comenzaron a preparar panecillos de estilo francés y americano que gustaron a los comensales de su humilde establecimiento.

De hecho, los “cafés de chinos” que empezaron a pulular en la capital potosina en esa época no son una influencia del lejano oriente, sino más bien norteamericana. En China no existen los cafés como tales, sino que, al igual que Manuel Junior, una parte de los migrantes chinos y sus descendientes aprendieron la repostería en los cafés de Estados Unidos y, cuando algunos migraron a otros puntos del mundo, llevaron consigo la tradición repostera americana.
Al pequeño café lo frecuentaban principalmente habitantes de distintos municipios y rancherías que vendían a comercios del Mercado Hidalgo sus mercancías: productores del campo, artesanos de ixtle, distribuidores de telas y otros productos, todos encontraban en el comedor comunitario del Café Selecto un lugar cálido y popular dónde almorzar, comer o cenar y continuar sus jornadas en el principal centro de abasto de la ciudad en esos años.
Geleang Sing o Manuel León ya tenía unos 60 años cuando inauguró el Café Selecto, en 1954. A los pocos años murió (sentado, en uno de los reservados de su propio negocio), por lo que Manuel Junior continuó la administración de este lugar, que remodeló a raíz de la explosión de una pipa de gas frente a la tortillería del Mercado Hidalgo en los albores de la década de los 70.
Este incidente devastó varias fincas alrededor incluido el Café Selecto -cuyo local y casi toda la manzana pertenecía a descendientes de la millonaria familia O´Farril, los dueños del primer cine en la capital potosina, que estaba situado en la calle de Álvaro Obregón, en lo que hoy es una sucursal del banco Santander- que, a falta de interés de los propietarios por levantar de nuevo sus fincas, Manuel Junior reconstruyó el local de su propio pecunio.
Las décadas pasaron, negocios tradicionales abrieron y cerraron sus puertas, pero el Café Selecto – que se cambió frente a la esquina que ocupaba en los años noventa y en la década del dosmil al sitio que actualmente ocupa, en la calle Hidalgo, casi esquina con Reforma- permaneció abierto, recibiendo en sus mesas a diversas generaciones de parejitas que salían del Cine Hidalgo, familias, comerciantes y trabajadores del centro histórico.
Con el paso de esas décadas también se sumaron al Café Selecto una tercera generación: Manuel y Juan Jesús León Díaz, al igual que una de sus hermanas, quienes aprendieron a hacer el pan americano, el pay de leche y pastel de plátano, aportando un importante legado repostero a la gastronomía de San Luis Potosí.
Son ya 66 años de recibir a comensales a temprana hora con el aromático café americano y el pan recién salido del horno, de forjar una tradición a base de esfuerzo diario que brinda satisfacción a Manuel y Juan Jesús, actuales propietarios del negocio.
“Mi padre siempre trabajó de sol a sol, apoyó a mi abuelo y apoyó a sus ocho hijos, a todos nos ofreció casa y estudios. Llevaba una vida sencilla, el Café Selecto le dio para vivir holgadamente, disfrutaba la pesca en sus vacaciones, pero más disfrutaba atender a sus clientes, hasta que murió en 2008”, expresa Juan Jesús, quien se despide para continuar en el ajetreo del legendario café.
