Ser trabajador independiente no es fácil en este país. Ser empleado por cuenta propia nunca fue tan complicado. Una enfermedad que se propaga activamente por todo el mundo detuvo la maquinaría en la que se basa el desarrollo y el mencionado progreso, los engranes, los distintos oficios y profesiones pararon, la demanda disminuyó.
Esta mañana, los profesionales encargados de hacernos recuperar de males, de aliviar padecimientos del corazón y de llenarnos el alma de vida y esperanza, arribaron a la plaza principal de Soledad de Graciano Sánchez y comenzaron a hacer lo que mejor hacen, tocar música.
Un centenar de mariachis interpretó y tocó canciones que alegran un día, que impulsan la valentía, que enamoran, que inflan el pecho de orgullo, enfilaron bajo el inclemente sol hacia el Palacio Municipal de Soledad.
Su incursión resultó un tanto contradictoria en una época donde se nos pide guardar distancia, guardar en casa, guardar lo necesario para sobrevivir e incluso guardarnos los sentimientos y ansias por volver a salir, a abrazarnos y festejar.
Pero los mariachis no enfilaban a un festejo, marchaban al recinto que es propiedad de todos los soledenses para agradecer el apoyo otorgado por el alcalde Gilberto Hernández Villafuerte y el diputado federal Ricardo Gallardo Cardona en forma de despensas para unos 450 músicos.
Dentro del palacio, el calor bajo los trajes típicos y la presencia de cubrebocas que aumentaban su incomodidad visible, no les impidió hacer lo que les exige su trabajo, como tantos que hay afuera buscando el sustento a a pesar de todo, como tantos que detuvieron sus actividades, como tantos que no obtuvieron recursos este Día de las Madres, como ellos que esta vez no llevaron serenatas.
Su oficio, su amor por la música y su calidad como profesionales los llevo a agradecer al Ayuntamiento de Soledad el apoyo recibido en esta época de cuarentena por medio de las despensas y de huevo, mientras el alcalde Gilberto Hernández Villafuerte salió a reconocer la admirable labor de los músicos.
El género regional mexicano por excelencia, retumbó en el patio central del Palacio Municipal de Soledad, hubo momentos donde se quiso olvidar la sana distancia, abrazarse y cantar, pero la prudencia gano a la alegría y la mesura sobresalió mientras se cantaban letras como Acuarela Potosina y Serenata Huasteca.
En medio de la algarabía, Luis Antonio Zacarías Ríos, representante de los músicos, agradeció la solidaridad del alcalde de Soledad con el gremio y su inserción en el programa para la dotación de huevo, producto alimenticio esencial en las familias, que día a día, se enfrentan a una batalla por llevar productos de primera necesidad a los hogares.
Al final, el mariachi no calló, hizo una pausa, al igual que todos los mexicanos, volvieron a sus casas con la esperanza de que un día, volveremos a cantar juntos, celebrar juntos, aliviar las penas en compañía y con la tranquilidad de que aún existe compromiso de algunas autoridades por hacer las cosas bien, como ellos, como todas las noches y días en los que salen con las herramientas de su voz e instrumentos.
