+ LA VÍCTIMA, PRESUNTO “RATERO, EXTORSIONADOR Y VIOLADOR”
De un balazo en la cabeza, el joven fue ejecutado ahí mismo sobre la terracería a San José del Barro, por los rumbos de la colonia Piquito de Oro.
Luego le colocaron encima una cartulina fluorescente en la que escribieron un mensaje con las siguientes etiquetas: “Esto me pasó por andar de ratero y crikero, extorsionador, por violador”.
“Crikeros”, les llaman a quienes son adictos a la metanfetamina, conocida también como “cristal”, y cuyo consumo está generando la multiplicación de robos, asaltos y otros delitos por toda la ciudad.
El aleccionador mensaje que dejaron los desconocidos, supuestos vengadores, pronto fue marcado con la misma sangre de la víctima, producto del disparo que le provocó el deceso la noche de este lunes 18 de noviembre.
Sin embargo, bajo el señalado texto, no se encontró ninguna “firma” de cartel o grupo delictivo alguno, como resulta ordinario en estos casos.
Esos narcomensajes son muy usados por las células del crimen –ya muy desorganizado– y los usan de manera rutinaria para infligir terror a sus enemigos, a los cuerpos policiales, y hasta a la población.
Pero este no fue el caso, de tal forma que el o los asesinos parece que quisieron más bien mandar un sangriento recado a muchos delincuentes de todo tipo que pululan en toda la zona metropolitana.
Rateros que la mayoría de las veces actúan en la impunidad, y que muchas veces hasta quedan grabados en las cámaras de camiones de pasajeros, de casas habitación o de negocios, sin que por ello eso signifique que vayan a ser detenidos.
El asesinato de este hombre pareciera representar así un episodio extremo de los múltiples intentos de linchamiento que vemos todas las semanas en la ciudad, y que es obvia consecuencia de la falta de vigilancia y prevención de las autoridades.
Incompetencia sobre todo del Ayuntamiento de la Capital, y su Dirección de Seguridad Pública Municipal (DGSPM), que es el primer nivel y la instancia a que corresponde evitar que se susciten estos delitos del fuero común.
Pero, en realidad, falta saber si esta víctima se dedicaba a todo lo que le atribuye el anónimo, y que fuese una de tantos jóvenes atrapados no solo en la droga, sino en el delito o las redes criminales.
Este homicidio, de acuerdo a lo que se ha visto con ejecuciones de tal tipo, tiene muy pocas posibilidades de ser resuelto, pues normalmente quedan sin castigo.
La autoridad —que no se ve sancione a quienes golpean y torturan delincuentes agarrados en flagrancia— bien puede también hacer la vista gorda en este tipo de homicidios.
Por lo pronto, lo único claro es que todo esto ocurre por una incompetencia cada vez mayor de las autoridades, y por corporaciones policíacas vinculadas con el delito, en una y otra medida.
A la vez, también, que se ahonda la descomposición social y la degradación de todo tipo, con el actuar de pretendidos vengadores sociales que vienen a llenar, de forma criminal, vacíos e injusticias no solucionadas por el estado.
Por otro lado, tales supuestos vengadores además reciben incluso apoyo de ciudadanos, quienes están hartos de la delincuencia o que incluso se han visto afectados por el delito.
Por eso, en redes sociales donde se difundió la noticia de este homicidio pronto aparecieron mensajes del tipo: “Ese justiciero que por favor venga por mi colonia, un chingo se lo agradeceremos”.
Y son, sobre todo, los habitantes de colonias muy dañadas por la falta de vigilancia y la impunidad de que gozan los maleantes: “El que hizo semejante hazaña no se podrá dar una vuelta por Simón Díaz, Árbolitos, Residencia…”.
De esa y otras maneras, tales personas pretendieron justificar el asesinato: “Si es verdad lo que dice (el mensaje) qué bueno, la sociedad no necesita que gente así siga viva”, opinó alguien más.
