+ RECLAMAN HOMICIDIO DEL JOVEN INTEGRANTE DE LA FAMILIA RANGEL, PERO CALLAN ANTE OTROS ASESINATOS
+ AFECTADOS CON UNA VICTIMA DE SU CLASE, HASTA EL EJÉRCITO PIDEN EN LAS CALLES
En San Luis Potosí hay víctimas de primera, de segunda, y de tercera.
Aunque la Fiscalía a cargo del notario Federico Garza Herrera (como notario parece solo llevar el registro de los homicidios) pueda afirmar lo contrario, los hechos lo desmienten.
Dependiendo de los apellidos e influencia de los afectados, será la atención, prontitud, eficacia, que se ponga en tales casos.
Si esa procuración parcial y con favoritismos se da por parte de la Fiscalía, similar actitud elitista se observa con los empresarios de la localidad, agremiados en la CANACINTRA, la CANACO, la UUZI, y la COPARMEX.
A raíz del asesinato del joven Rubén Rangel Fernández, hijo de una prominente familia potosina, estos hombres de empresa se vieron tocados en sus privilegios, y han solicitado la presencia del Ejército en las calles, y la implementación de retenes.
No se midieron, y poco faltó para que pidieran el estado de sitio.
Exigieron que el homicidio de Rangel Fernández no quede impune, cuando la mayoría de asesinatos contra mujeres, hombres, y muchos otros jóvenes, están hace muchos años en completa impunidad.
Pero, como se trata de víctimas de clase humilde, de desconocidos, o incluso de presuntos integrantes del crimen, los de la Iniciativa Privada prefieren de manera ordinaria guardar un cómodo silencio.
Al ver afectada una familia de su nivel social, le piden al gobierno estrategias más efectivas en el combate al crimen, y lo único que se les ocurre proponer son medidas que violan el estado de derecho.
Alejandro Pérez Rodríguez, de la CANACO, afirma que la perdida violenta de cualquier vida es un agravio para toda la sociedad y exige que el comentado homicidio se esclarezca a la mayor brevedad posible.
Tiene razón, pero no es lo que vemos que estos representantes empresariales hayan solicitado en otros muchos casos.
Basta imaginar que la víctima no hubiera sido uno de los suyos, sino un joven asaltado de cualquier colonia humilde. En tal caso, a estos hombres de negocios ni siquiera se les hubiera ocurrido quejarse en lo más mínimo. Como de hecho sucede todo el tiempo.
Las víctimas de primera parecen ser aquellos ciudadanos con apellidos ilustres o bien relacionados, pertenecientes a una clase social influyente y con capacidad económica.
Las víctimas de segunda las encontramos dentro de la ciudadanía en general, sin mayor relevancia que ser gente honesta y trabajadora.
Y las víctimas de tercera, a las que ni los empresarios ni el gobierno parecen hacerles menor caso, son aquellas personas desconocidas que se encuentran ultimadas por el crimen, sean presuntos delincuentes o afectados.
Estas últimas víctimas podríamos decir que ni a los empresarios ni a las autoridades les importan, cuando de acuerdo a la ley debieran tener las mismas garantías para que se les haga justicia, trátese de quien se trate, y con independencia del apellido; pero ya sabemos que no sucede así.
Tenemos entonces una procuración de justicia también de tres pisos: para los de arriba, para los de abajo, y para los del sótano.
Hoy, cuando estos líderes empresariales se ven rozados por el asesinato de uno de los suyos, un joven perteneciente a una conocida familia con relaciones políticas y empresariales, alzan la voz, y piden medidas desproporcionadas.
El resto del tiempo, ya se sabe, los veremos callar frente a feminicidios, ejecuciones, robos de autos, y otros delitos.
Tal actitud de estos empresarios locales le facilita las cosas a un gobierno estatal incompetente ante el delito, y a un gobierno municipal casi omiso en seguridad pública, pues basta que les resuelva su caso (lo cual está por suceder), para que vuelvan a quedarse callados… hasta que se vean de nuevo amenazados en sus intereses.
No se les puede pedir que se despojen de su conciencia de clase y privilegios de la misma, pero sí que dejen la hipocresía, y tengan mayor solidaridad social con todo tipo de víctimas, pues muchas de estas son sus obreros, sus empleadas domésticas, sus chóferes…
