En la capital potosina se viven dos realidades: la de miles de personas que andan en las calles en un día de quincena como cualquier otro y la de cientos de potosinos que hacen fila en empresas tratando de conseguir el preciado oxígeno para familiares suyos que padecen Coronavirus y su condición es grave.
Desde ayer por la mañana y a pesar de las advertencias de las autoridades estatales de imponer la luz roja en el semáforo sanitario por Covid-19, miles de automóviles saturaron las calles de la zona Metropolitana, las tiendas atiborradas, los puestos callejeros de comida colmados de personas que parecieran ignorar la letalidad de este virus que ha cobrado la vida de casi 4 mil personas y que mantienen al filo de la muerte a cientos de potosinos más en hospitales que ya están saturados.
Mientras esa gente gastaba su quincena, otros cientos de mujeres y hombres intentaban desesperadamente surtir sus tanques de oxígeno en una sucursal de una conocida empresa que antes solía dar servicio a paileros, ingenieros y soldadores, y que ahora no se dan abasto tratando de surtir oxígeno a personas cuyos familiares se debaten entre la vida y la muerte a causa de este virus del que, al parecer, los potosinos ya bajamos la guardia en el peor momento de la pandemia.
