San Luis Potosí, México

ANTES DE MORIR, EL DR. BARBAHAN LE PIDIÓ PERDÓN A LA CIUDAD

Por Jacobo Vázquez

“En esta ciudad acongojada
por el lastre de todas sus equivocaciones”.
Félix Dauajare

Fantasía, humor, desenfado, irreverencia, caracteriza la escritura de Alvarado, mejor conocido en la entidad potosina como “Barbahan”, ya que él mismo se firmaba bajo tal seudónimo: Dr. Barbahan.

Dicharachero, desgarbado, bromista, Miguel era un excéntrico académico de Física en la UASLP. Los modales en la mesa y en el vestir lo tenían sin cuidado; era de barrio y así lo ostentaba, ya fuera en los recintos universitarios o en los bares de la ciudad.

Era, además de excelente escritor y maestro, un personaje de la ciudad, con una trayectoria que incluía haber trabajado de estibador en la frontera norte, y participado como atleta con buenos niveles de rendimiento. Excelente lector de la literatura norteamericana, admirador de Jack London y su “Colmillo blanco”.

Parecía que alguien del más allá le había avisado de la partida, o que nos estaba bromeando con otro de sus cuentos: “Bueno, creo que llegó el momento de la despedida, viví contento, me voy contento”, escribió en su muro de Facebook horas antes de su marcha.

Pues, de una manera un tanto insólita, pareció recibir el diagnóstico positivo del virus como si de una sentencia de muerte se tratara.

“…una vez que entras al Covid-19, ya solo eres una hoja seca que arrastra el vendaval”, agregó citando una frase de “Los de abajo”, de Mariano Azuela.

Congruente con su personalidad de siempre, se lo tomó un tanto a la ligera. Con humor y un timbre de ternura, suplicó: “…no estén tristes, porque ni yo estoy triste, estoy agradecido con la vida, gracias por todo a ustedes”.

Y remató, descuidado o valemadrista como podía ser, faltando el respeto a la “z”: “Y gustaso haberlos conocido, gracias, gracias”.

Parecía que solo se iba de viaje un rato, y que a la vuelta de los días lo tendríamos de nuevo entre nosotros; así, coloquial y sencillo, emprendió el viaje más importante que tenemos destinado.

Un año y cuatro meses antes, el 23 de diciembre del 2019, no solo se despidió de la ciudad, sino que también le pidió perdón.

Nostálgico, pero divertido, escribió en su página de face “Cuentos del Dr. Barbahan” sus recuerdos de cuando llegó a San Luis Potosí “una mañana gris de 1960”.

Y ahí confesó también su alta o baja traición a la pequeña patria: “…veníamos de Laredo, día lóbrego, frío, con bruma, imborrable en mi memoria, día de desazón, y desde entonces esta ciudad jamás me gustó”.

Recordó que a la entrada de esta zona huachichil había un letrero que documentaba: “SLP, 65 mil habitantes”. Dos días después de su fallecimiento, hubiera sabido que ya somos poco más 2 millones 800 mil, según el INEGI.

“…llegué al Barrio de San Miguelito, al 48 de Miguel Barragán, a unos cuantos pasos del jardín, mi padre había muerto en el verano de 1959 y estábamos en el otoño de 1960, quizá mi alma estaba plagada de desasosiego, pero no alcanzaba a darme cuenta, veníamos de Laredo”.

Todo esto lo está recordando el Dr. Barbahan bajo un toldo, en una noche fresca y lluviosa de un septiembre que parece ya de otoño, y mientras espera que le surtan una orden de tacos en un puesto de la calle Zapata, próximo a Reforma.
Y así, sumido en los recuerdos de hacía 40 años, el escritor recibió su epifanía, aunque él diría (sin mamadas), que le “cayó el veinte de chingadazo” sobre esa ciudad que nunca parecía haberle gustado.

Entonces escribió: “Pero ahí abajo del toldo esperando los tacos, viendo caer la lluvia y formándose pequeños charcos, de repente me entró un amor indescriptible por esta ciudad”.

De esa manera, reconoce enseguida: “…había sido un ingrato todos estos años con ella, me había dado todo a cambio de nada, y me sentí injusto, le pedí perdón, mientras veía formarse las copitas que levantaban gotas de lluvia en los pequeños charcos”.

Y cierra el pequeño texto del recuerdo con una salida típicamente barbajana: “Debo agregar que los tacos estaban bien chingones”.

“Barbaján”, le decíamos sus amigos al “Dr. Barbahan”, que se ha despedido como un caballero, no solo de todos nosotros, sino de esta ciudad que es “un tumulto de rostros, de prisas, de grandes y pequeños desastres” como escribió también el potosino Felix Dauajare; claro, desde las antípodas estilísticas de nuestro querido Dr. Barbahan; que de todo da la mata.

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