-La ciudad capital ofrece una imagen de descuido y abandono a turistas y parroquianos no sólo en colonias populares, sino también en avenidas principales y áreas residenciales
-Comercios desolados a raíz de la inseguridad, y mujeres esperando el camión en grave situación de riesgo ante la oscuridad y la falta de vigilancia.
Si los potosinos quieren conocer de propia mano la desolación y el peligro de esta ciudad, basta con que participen en las rodadas nocturnas que organiza el colectivo “Vida Sobre Ruedas” y darse una vuelta en calles que no parecen de la capital del Estado, sino de una sucia, oscura y maloliente ciudad medieval.
Haciendo un lado la propaganda política y los ataques de opositores, omitiendo el nombre y el partido de quien gobierna San Luis capital, basta la mirada de un paseante que desea disfrutar su ciudad y que decide sumarse a las tradicionales rodadas en bici que parten cada jueves desde el jardín de Tequis, cuyo piso de mosaico sigue fisurado y sucio por el guano de pájaros y grasa de puestos de fritangas cuyos dueños no lavan ni el espacio que ocupan.
El viento helado de anoche no inhibió a unos 150 ciclistas, la mayoría parroquianos, pero también algunos turistas que hallan atractivo este paseo nocturno y que a las 9 de la noche empezaron el recorrido hacia el norte de la capital. En trienios pasados, patrullas de la policía municipal abanderaban y brindaban seguridad al contingente. Anoche sólo se contó con el apoyo de los miembros del colectivo, como ha ocurrido en las últimas rodadas.
Lo primero que se notó es que ni la avenida Carranza, ni Pedro Moreno, ni Fray Diego de la Magdalena estaban alumbradas, y que no había patrullas recorriendo las calles. No era tan tarde como para que la ciudad luciera tan desierta. En los casi 20 kilómetros de recorrido por las zonas norte y poniente los paseantes sólo se encontraron con dos patrullas que no estaban vigilando a la ciudadanía, sino cumpliendo su cuota de infracciones diarias a automovilistas para satisfacer a los jefes de la DGSPM.
Era evidente el peligro que corrían algunas mujeres que esperaban el camión que las regresara a casa en alguna esquina solitaria y en penumbras. Algunas mandaban su ubicación real a través de whatsapp a familiares, otras clavaban su mirada preocupada hacia el fondo de la calle, desesperadas porque su camión no aparecía. En el Saucito y la avenida Morales Saucito no hay parabuses, ni postes de alumbrado eficiente en esquinas en las que tradicionalmente se abordan las rutas de transporte. No hay botones de pánico en esos lugares que permitan a las mujeres activarlos en caso de sufrir acoso o asaltos.
Mientras el contingente se desplazaba por la avenida antes citada se encontró con una gran fuga de aguas negras y casi todos los ciclistas se ensuciaron la espalda con la pestilente sustancia puesto que sus bicis no traían salpicaderas. La mayoría maldijo ese gran lago de atole y continuó su camino, pero quienes maldicen diariamente por la indolencia municipal son los vecinos de la colonia Rural Atlas y peatones que diariamente usan ese tramo.
La nula presencia policiaca causó una ola de robos y asaltos como nunca antes se había levantado en esta capital, y la mayoría de los comercios se ha visto orillado a cerrar más temprano. Los comercios que se aventuraron a mantenerse abierto, lucía desiertos, y no es porque era jueves, o hiciera frío, ha sido porque la gente –al menos la más sensata, o cauta- decide ya no salir, o no llegar tarde a sus casas, así que los taqueros de numerosos establecimientos al norte de la ciudad se daban su tiempo de salir a la banqueta para entretenerse un poco con el paso del Wepaletas y su ruido cumbiambero rasposo e infernal.
La noche anterior a la rodada, una taquería de la avenida Santos Degollado había sido asaltada. Taqueros y clientela por igual tuvieron que caerle con sus celulares, billeteras, relojes y ganancias del día, y a la noche siguiente, los aproximadamente 150 ciclistas pudieron constatar que no había ningún operativo de vigilancia especial. No había ni policías ni patrullas en la calle, los ciudadanos a esa hora de la noche parecían moverse en una ciudad sin gobierno, a merced de los delincuentes.
Posteriormente, la rodada giró hacia prolongación Azufre, y la calle Arboledas que lucía tan sepulcralmente oscura y peligrosa, que hasta los zopilotes que anidan en el parque de Morales temerían bajar de las copas de los eucaliptos por temor a ser asaltados.
El júbilo, las mentadas de madre incitadas por el alcahuete del Wepaletas, la animosidad de algunos ciclistas al inicio del recorrido se volvió en ciertos tramos preocupación, reflexión y desilusión al transitar por una ciudad descuidada, desilusión de atestiguar una realidad que no coincide con los boletines de prensa municipales ni con las fotos “progresistas” de las redes sociales oficiales.
San Luis capital está abandonado a su suerte…
