SAN LUIS POTOSÍ.— La comunidad de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí amaneció de luto este martes tras la muerte de un joven estudiante de la Facultad de Ingeniería, en un hecho ocurrido dentro de las instalaciones universitarias.
Las primeras versiones señalan que podría tratarse de un suicidio; sin embargo, corresponderá a las autoridades competentes establecer oficialmente las circunstancias del fallecimiento.
Por respeto a la familia y para evitar cualquier forma de revictimización, la identidad del estudiante se mantiene reservada.
La tragedia ha provocado cuestionamientos entre integrantes de la comunidad universitaria sobre los mecanismos de prevención del suicidio, atención psicológica y acompañamiento emocional disponibles para los alumnos de la UASLP.
Fuentes cercanas a la Facultad de Ingeniería señalan que la atención disponible sería insuficiente frente a la cantidad de estudiantes que requieren apoyo y que una parte del servicio recae en un reducido grupo de practicantes que, aseguran, no alcanza a cubrir la demanda existente.
A esta inconformidad se suman testimonios de estudiantes que señalan haber encontrado indiferencia o poca sensibilidad por parte de algunos docentes al comunicar problemas relacionados con su salud emocional o alteraciones en su estado de ánimo.
El caso también abre una discusión sobre la transparencia de los recursos destinados por la Universidad a campañas de prevención del suicidio, atención psicológica y programas de bienestar estudiantil.
Más allá de los comunicados institucionales, la comunidad universitaria reclama conocer cuántos profesionales brindan atención, qué capacidad tienen los servicios existentes, qué protocolos se activan cuando un alumno presenta señales de riesgo y qué presupuesto se destina específicamente a estas estrategias.
La Rectoría de la UASLP enfrenta ahora la exigencia de explicar qué acciones inmediatas se implementarán para acompañar a la familia, compañeros y docentes del joven, además de revisar si los mecanismos de prevención y atención actuales resultan suficientes para una comunidad universitaria de miles de estudiantes.
El fallecimiento vuelve a colocar sobre la mesa un problema que no puede reducirse a una condolencia institucional: la salud mental y la prevención del suicidio requieren recursos, personal especializado, protocolos claros y seguimiento permanente.
Hoy, la prioridad es acompañar a quienes atraviesan el duelo, pero también responder una pregunta que comienza a surgir dentro de la Universidad: ¿está haciendo la UASLP lo suficiente para detectar y atender a tiempo a sus estudiantes?
