+++ DE NO DETENERSE LA ESCALADA, HABRÁ TRAGEDIAS QUE LAMENTAR
+++ EL MIEDO, EL HARTAZGO, LA IMPOTENCIA ORIGINA TURBAS CIEGAS
“LEVANTE LA CARA PA´QUE SE LA VEAN, GÜEY”
A la redacción de La Roja llegó en estos últimos días un video: es un ladrón detenido en Balcones del Valle. Se encuentra amarrado de los tobillos, y maniatado por varios vecinos de la colonia.
Chilla mientras es grabado en video desde un teléfono celular.
– Levante la pinche cara pa’que se la vean, güey – le dice uno de sus captores mientras recibe algunas patadas.
“Les comparto una captura que se hizo a una persona por robo domiciliario, el sujeto está también denunciado por robo de vehículo, por si alguien lo reconoce acuda a la Fiscalía a unirse a las denuncias”, señaló el remitente de las redes.
En otros mensajes, dichos vecino se felicitan de manera implícita por el escarmiento que le dieron al presunto delincuente.
“Créeme que no se fue limpio, vecino, esta captura se logró gracias al chat que tenemos en la colonia, y a la rápida reacción y apoyo de los vecinos al escuchar que se pedía ayuda, y sobre todo al buen uso de la alarma vecinal”.
CASOS QUE SE ACUMULAN
Haciendo uso de las redes sociales, de las alarmas vecinales, y del auxilio mutuo, los ciudadanos se comienzan a organizar ante la falta de eficacia, y en ocasiones de la complicidad con la delincuencia de los agentes policiacos.
Unos días después, apenas este 15 de septiembre, otro individuo fue detenido por vecinos en el fraccionamiento Piquito de Oro; también fue golpeado, amarrado, y rescatado luego por la policía.
Semanas atrás, el 27 de julio de este mismo 2018, tres sujetos fueron sorprendidos en la colonia Cactus, cuando pretendían entrar a una vivienda y trataron de escapar, pero chocaron y fueron capturados por vecinos que intentaron un linchamiento.
Una de las coberturas de esa información, señala que los ladrones fueron rescatados por agentes de policía, pero: “…al parecer, ya salieron en libertad, al no haber parte acusadora”.
INTERROGATORIO Y TORTURA EN DIRECTO POR PARTE DE CIUDADANOS
Poco antes de un mes después, el 24 de agosto, otro individuo fue detenido por ciudadanos afectados, quienes propinaron una sangrienta golpiza a su víctima mientras la grababan y la acusaban de ladrón.
Mientras le filmaban, lo insultaban, lo golpeaban, pretendían dichos afectados obtener declaraciones del supuesto delincuente, tanto para que se incriminara, como para que denunciara a sus cómplices, según quienes lo sometían al salvaje interrogatorio fuera de todo principio o ley.
– Si no me dices quienes son los que vienen a chingarnos güey, le voy a hablar a la policía y les voy a decir que me estabas robando el cantón, güey, así que me vas a decir quiénes son porque si no va a valer verga conmigo… –le dice uno de al menos media docena de agresores que lo tienen tirado en el suelo, sangrante, en Colonias del Oriente.
MUJER Y HOMBRES GOLPEADOS Y AMARRADOS A UN POSTE
Y antes de eso, el primero de marzo de este mismo 2018, en la Avenida Ricardo Gallardo Cardona, dos individuos fueron capturados por gente del sector, quienes acusaron a sus detenidos de cometer robos en la zona.
Los ataron a un poste, los golpearon, y ya luego los entregaron a la Policía Metropolitana. Como pretendidas pruebas contra los acusados, vecinos difundieron el video de un robo a un establecimiento de una de las calles cercanas a donde fueron detenidos los supuestos ladrones.
En otro video del mismo incidente, se puede ver a la pareja de supuestos atracadores, un hombre y una mujer: están amarrados con cinta canela a un poste, y alrededor los vecinos indignados profiriendo sus reclamos.
Una de las vecinas, lanza la queja recurrente en estos casos, cuando le dicen que va a ir la policía por ellos, ella responde en forma airada:
– No, pero a poco van a venir por ellos y luego van a salir y otra vez van a venir a robar…
MENOS PRESOS, MÁS DELINCUENTES EN LAS CALLES
Ahora, más que antes, y con el nuevo sistema de justicia penal, los maleantes entran y salen con mayor facilidad que antes de la cárcel. Se trataba, se dijo en su momento, de despresurizar las cárceles, y es posible que sí se esté reduciendo el número de presos, pero a costa de tener más criminales en las calles.
El sistema garantista de justicia deja más espacio a la libertad de los infractores, pero cuando salen de prisión no tienen ningún tipo de vigilancia, ni medidas de rehabilitación o de reinserción social, saliendo solo a delinquir de nuevo.
Esto claro que tiene muy enojada a la población, que vive con miedo y coraje, y que encuentra una forma ilegal e irracional de desquitarse cuando cae en sus manos un delincuente cachado infraganti.
Comparado con otros sucesos similares, los casos hasta aquí comentados, solo son una muestra ligera de la falta de seguridad en esa y en cientos, miles de colonias más de todo el estado, y del país.
E incluso fueron sucesos donde no se llegó a mayores, pero el riesgo de tragedias es mayor en caso de que las condiciones sociales y de justicia no cambien. Y, por el momento, no se ve que se vaya a poner remedio, pues no solo tiene que ver con falta de voluntad de algunas autoridades, sino incluso con fallas estructurales del sistema penal.
DEJAMOS DE SER UN ESTADO SIN LINCHAMIENTOS
En marzo de este 2018, el portal Reporte Índigo reportaba que en los últimos 26 años se han registrado “por lo menos” 366 linchamientos en diferentes estados, pero sobre todo en la zona centro sur del país.
Y no se trata de episodios donde haya habido capturas y algunos golpes, sino muchas veces de asesinatos bestiales cometidos por personas furibundas, quienes, por otra parte, también quedan, por lo general, en la impunidad.
La perspectiva no es buena: los linchamientos en México y en San Luis Potosí seguirán creciendo, según parece, ya que las causas que los generan no desaparecen, sino que más bien se acentúan.
Y estas causas, coinciden los especialistas, tienen que ver con todas esas lacras que desencadena un estado fallido.
LA CAUSA: EL ESTADO FALLIDO
Hablamos de un sistema que no provee al ciudadano de una prevención del delito eficiente, ni de seguridad confiable para familias y bienes, ni de procuración de justicia de calidad, y que tampoco garantiza la impartición de la misma.
En ese pernicioso caldo de cultivo, las preocupantes estadísticas están al alza: En 1997, 27 casos; en 2010, 47; y en 2013, 40…
Lo mismo ocurre en San Luis Potosí, una entidad que, de acuerdo a la investigación “Linchamientos en México: recuento de un periodo largo (1988-2014)”, de Raúl Rodríguez y Norma Veloz, en esta entidad, junto con otros tres estados, no se presentó ningún intento de linchamiento durante tal periodo.
Pasaron así al menos 26 años sin que el estado potosino tuviera una de tales calamidades, pero luego de tal año del 2014 tales sucesos se han hecho cada vez más frecuentes. Y dos años después de donde terminó tal estadística, la primera semana de 2016, los medios reportaban el intento de linchamiento a un supuesto violador en Ciudad Valles.
LA CRUDA MORAL
¿Hay decencia, valentía, sentido de justicia, cuando se participa en un linchamiento? Si se actúa para detener a un delincuente, el ciudadano hace gala de valor y responsabilidad, pero cae en la cobardía y el salvajismo cuando quiere hacer “justicia” por propia mano. Algo que está expresamente prohibido en el Artículo 17 constitucional.
Pero tal parece que, si el estado no garantiza a lo que le obliga la misma Constitución y las demás leyes, es decir, dar justicia expedita a los ciudadanos; pues entonces los ciudadanos tampoco ven que tengan que corresponder, violando a su vez ese ya muy maltrecho estado de derecho.
Entonces la visceralidad, el coraje por los agravios recibidos, la impotencia reprimida por largo tiempo, explota, y los victimarios dentro de la turba ciega humillan, ofenden, golpean, mutilan y queman a sus víctimas, quienes no siempre son delincuentes, pues seguido se dan equivocaciones.
Los sociólogos afirman que quienes participan en tales linchamientos padecen después un fuerte “cruda moral”, y aclaran que quienes no tienen tales sentimientos es que en realidad ya eran sociópatas
