San Luis Potosí, México

Entre Don Salvador Nava y un nieto remedo de “Navista”

 

El viejo Salvador Nava Martínez (1914-1992) peleó contra caciques como Gonzalo N. Santos y Carlos Jonguitud Barrios.

Nava era inteligente, un zorro de la política que sabía leer con precisión las oportunidades históricas para el pueblo potosino. Y en tiempos de autoritarismo hizo recular a presidentes de la república.

Hoy su nieto Xavier Nava Palacios se presta más bien a ser marioneta de un priista, caricatura de cacique llamada Horacio Sánchez Unzueta.

Don Salvador Nava Martínez hablaba de dignidad, y la tenía, respetando a todos los ciudadanos. Su nieto, en cambio, atropella derechos de mujeres, de indígenas, y de ambulantes.

En dos periodos (1958 y 1982) Nava Martínez estuvo al frente del Ayuntamiento capitalino, manejando con austeridad y transparencia el gasto público.

Algo muy diferente hizo Xaviercito fifí, pues apenas llegó de alcalde y aumentó el sueldo de los burócratas, empezando por el suyo. Y todos los días tira el dinero de los potosinos pagando millones de pesos para hacerse publicidad rumbo a la gubernatura.

Al viejo Nava nunca se le pudo acusar de hacer negocios chuecos al amparo del poder e influencias municipales.

Su oscuro descendiente, no obstante, ha visto en cada proyecto de la comuna una oportunidad para la transa y el enriquecimiento.

Sin ser un ideólogo, don Salvador era idealista y al poner como objetivo sagrado la democracia consiguió un avance para todo el país; Nava Palacios no es ni ideólogo, ni idealista, y más que principios o ética política, lo que lo define es la traición.

Don Salvador padeció represión, amenazas, cárcel y tortura; mientras que Xavier nació en pañales de seda, y fue educado en la inmoralidad y conocida corrupción de su padre, el fraudulento arquitecto Luis Nava Calvillo.

Salvador Nava Martínez debió ser gobernador. El tiempo ya no le alcanzó, pero abrió las puertas para que, décadas después, arribara al poder el presidente más legítimo de la historia: Andrés Manuel López Obrador.

Hoy su nieto busca llegar a esa misma gubernatura, pero aliado con los enemigos y adversarios más viles, conservadores, y reaccionarios de ese presidente legítimo.

Sin ser de izquierda radical, don Salvador defendió sus principios democráticos con radicalidad, generando, de su apellido una corriente ya inscrita en la historia nacional como “navismo”.

Ahora, en el 2020, su nieto lo único que tiene es ese apellido —por línea de sangre que no por méritos—, pues por lo demás ya dejó demostrado que no tiene ni principios, ni moral política, ni capacidad para ser alcalde.

Así, Xavier Nava Palacios más que nieto de Salvador Nava es un “digno” y putativo sobrino político de Horacio Sánchez Unzueta.

Sánchez Unzueta fue gobernador gracias al oportunismo marital, y a “la política bajo las sábanas” al casarse con la única hija de Nava Martínez, y luego venderse al presidente Carlos Salinas de Gortari para que lo hiciera gobernador y debilitara al movimiento navista.

Es el mismo Sánchez que ahora apadrina a Xaviercito rumbo al fracaso como candidato a gobernador.

Si Horacio Sánchez tuvo como único mérito ser oportuno yerno cooptado por el salinato, Xavier apenas tiene a su favor el apellido, aunque solo sea un remedo de navista, como ya les ha quedado claro a los potosinos.

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