San Luis Potosí, México

RULETA POTOSINA

+ ROSITA ALVIREZ Y LA FISCALÍA POTOSINA

—Pos que hicistes Hipólito
— ¡La maté! ¡La maté

“El día que la mataron, Rosita estaba de suerte; de tres tiros que le dieron, nomás uno era de muerte”, dice el Corrido de Rosita Alvirez, y más o menos así “razonan” los funcionarios de la Fiscalía potosina, que acaban de declarar que de las 16 mujeres que han sido asesinadas solo tres han sido feminicidios.

Y tienen razón. Las otras 13 nada más las han matado a las puertas de un antro, sin deberla; frente a sus casas, por algún vecino; o ejecutadas y luego embolsadas como basura y tiradas a la vía pública.

El feminicidio es un crimen agravado porque el asesino tenía algún tipo de relación con la víctima: “Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género”, dice el Código Penal.

De esa manera, para que un homicidio sea calificado como “feminicidio”, el Ministerio Público debe probar circunstancias que así lo acrediten.

¿Cuáles son esas circunstancias? Son variadas, entre ellas: “Que la víctima presente huellas de violencia sexual de cualquier tipo”, “Que el cuerpo de la víctima sea expuesto y exhibido en un lugar público”, “Que existan antecedentes de violencia familiar, laboral, escolar”, etcétera.

Ya se entenderá entonces por qué de los 16 horrendos asesinatos contra mujeres solo tres merecen a la Fiscalía estatal la denominación de feminicidios: hay que probar agravantes a veces difíciles de precisar, y eso además lleva tiempo.

Con esos argumentos, la citada autoridad pareciera querer quitar peso a la gran cantidad de crímenes, pero sucede que todos y cada uno de ellos son igual de graves al haber privado a mansalva la vida de un ser humano.

Lo anterior, además, con el grave añadido del ultraje que se hace también a los cuerpos, y la posterior criminalización de la imagen y la memoria de las víctimas, cuando se les abandona junto a una cartulina con algún mensaje que las incrimina sin que haya ninguna averiguación que así lo acredite.

Cualquiera puede cometer un asesinato por otras causas, y luego rotular el lugar del crimen con unas palabras donde se difama a la persona sacrificada, achacándole conductas que no cometió.

Sin embargo, eso no lo piensan así muchos opinantes de las redes sociales, quienes de inmediato extienden un certificado de culpabilidad para las personas asesinadas, señalando que terminan así por andar de delincuentes.

Incriminar de tal manera a las víctimas de homicidios (sin importar de quien se trate) parece restar importancia al acto criminal cometido, algo que sin duda también tiene una influencia en las autoridades, pues los asesinatos del crimen organizado casi nunca son resueltos.

Misma actitud parecen mostrar ahora con respecto a los feminicidios y a los que no lo son. No importa que haya hasta el momento 16 mujeres asesinadas, lo bueno es que solo tres fueron feminicidios. Como ven, Rosita estaba de suerte, de tres tiros que le dieron solo uno era de muerte.

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