miércoles, 19 de enero de 2022

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Río apagó la llama olímpica

Con la notable ausencia del presidente interino de Brasil, Michel Temer -abucheado en la ceremonia de apertura- Río apagó la llama olímpica que ardió a lo largo de los días de competencia en los Juegos Olímpicos.

La ceremonia austera, realizada bajo una lluvia constante, apagó la llama que trajo los Juegos Olímpicos a Río de Janeiro a las 22:30 horas de la noche carioca.

El medallero fue dominado por Estados Unidos, dejando en el segundo lugar a Gran Bretaña y en tercera posición a China.

En América, detrás de EU se ubicaron Brasil, con seis medallas de oro, 3 de plata y dos de bronce para un total de 19 preseas.

Luego se ubicó Jamaica con seis oros 3 platas y 2 bronces para totalizar 11.

México quedó en el sitio 61 con tres platas y 2 bronces.

Los Juegos fueron cuestionados hasta el último momento por el virus del Zika, el terrorismo la violencia o el transporte, fueron un éxito, celebrado con una ceremonia modesta y mucho menos fresca que la de apertura, pero que culminó con el estadio del Maracaná convertido en un sambódromo con el barrendero “Sonrisa”, figura popular del carnaval carioca, y la supermodelo Izabel Goulart bailando samba como si el mañana no existiera. Fue el colofón a una fiesta hermosa y multicolor.

La fiesta, idealizada por la diseñadora de carnaval Rosa Magalhães, que también se encargó de la apertura de los Juegos Panamericanos de 2007, no alcanzó la creatividad de la ceremonia de apertura de los Juegos, y repitió algunos elementos, como el homenaje al aviador Santos Dumont. Sin embargo, rindió tributo a la cultura brasileña menos conocida por los extranjeros y olvidada, en muchos casos, hasta por los propios brasileños. Aunque Carmen Miranda y el carnaval carioca ayudaron a internacionalizar la ceremonia.

También se rememoraron las pinturas rupestres de la Sierra de la Capivara, en el Estado de Piauí, que son patrimonio mundial de la UNESCO, la cultura indígena y las tradiciones brasileñas, como los encajes de bolillos o el modelado en barro, material con el que todavía se construyen muchas casas en el interior del país.

Como ya es tradicional, los vencedores del maratón masculino, la última prueba y la más clásica, la que recupera las raíces griegas de los Juegos Olímpicos, recibieron sus medallas durante la ceremonia.

Las ovaciones no solo fueron para el vencedor, el keniano Eliud Kipchoge, sino también para el medallista de plata, el etíope Feyisa Lilesa, que confesó que teme que le maten cuando vuelva a su país. El corredor conmemoró su llegada a la meta cruzando los puños sobre la cabeza en señal de protesta contra la represión que sufren los manifestantes en su país. “El Gobierno etíope está matando a mi gente. Mi familia está en la prisión y, si hablan sobre derechos democráticos, serán asesinados”, acusó.

La entrega de la bandera olímpica a la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, de las manos del alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, representó el relevo del desafío olímpico. Tras los Juegos de Río 2016, se inaugura un nuevo concepto, más austero, de producción de megaeventos. Tokio presentó a su ciudad como una anfitriona divertida y moderna, hasta al punto de hacer surgir al primer ministro japonés, Shinzo Abe, de una enorme cañería verde en el centro del escenario luciendo la gorra de Super Mario Bros, en homenaje al más famoso fontanero de Nintendo y ello dio fin a la vistosa, aunque austera ceremonia final.

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